- No upcoming events available.
Pons, Camps y la sandía
ANTONIO MONTIEL MÁRQUEZ
levante 17-12-2006
Próximas ya las elecciones locales y autonómicas, el conseller Pons anuncia la inminente presentación de un Plan de Acción Territorial para l´Horta de Valencia cuya redacción, prevista en la Ley de Ordenación del Territorio y Protección del Paisaje, de junio de 2004, acumula ya meses de demora y, lo que es más grave, una ausencia casi total de participación y, por consiguiente, de consenso en la sociedad valenciana.
Los estrategas electorales saben bien de la creciente
sensibilidad social acerca de los temas territoriales y urbanísticos
que están en el trasfondo de las dificultades de acceso a la vivienda
de una mayoría de la población a un precio razonable y no adulterado
por indeseables especulaciones y corruptelas inmobiliarias. Seguro que
intuyen también dichos estrategas los riesgos que pueden comportar las
oleadas de indignación y repulsa que los pelotazos urbanísticos
despiertan entre una ciudadanía que, con su voto y sus impuestos,
alimentan a una casta política cuya credibilidad se encuentra cada vez
más en entredicho.
Tal vez por eso, casi al límite de ser sobrepasado por el
crecimiento de la contestación ciudadana ante tanto abuso urbanístico,
al arreciar los escándalos que implican a algunos de sus partidarios,
las investigaciones judiciales y las denuncias de la Unión Europea, el
Sr. Camps recurrió al viejo truco consistente en blanquear la fachada
en lugar de sanear el edificio, sustituyendo el duro rostro del
veterano Sr. Blasco, dedicado ahora al marketing sanitario, por el más
amable de ese muchachote ocurrente que pregona ahora una política
sandía para el territorio y el paisaje valencianos.
Pensarán Pons y Camps que no recordamos que el Partido Popular
ya utilizó la promesa de la ordenación territorial como uno de los ejes
de su programa en la campaña electoral de 1995. Una promesa incumplida
y reiterada por un reelecto Zaplana en el debate de investidura de
1999. Como también parecen confiar en que hayamos olvidado que fue en
noviembre de 2002, en vísperas también de elecciones locales y
autonómicas, cuando el Consell del Partido Popular remitió un proyecto
de Ley de Ordenación del Territorio y del Suelo No Urbanizable que,
aunque fue publicado en el Boletín de les Corts, no alcanzó a ser
debatido por la expiración de su mandato, tal y como a buen seguro
habían previsto también esos estrategas populares.
Así, entre promesas incumplidas y declaraciones retóricas,
han pasado casi doce años durante los cuales el territorio valenciano
ha sido sometido a un proceso de urbanización frenético donde todo es
urbanizable. Cauces, humedales, montes, costa, huerta y otros parajes
irrepetibles sucumben al hormigón, perdiéndose para siempre. Años
durante los cuales nuestros barrios tradicionales se han visto
desatendidos en sus necesidades básicas mientras se creaban nuevas
urbanizaciones e instalaciones comerciales y de ocio dispersas,
fragmentando la ciudad, segmentando a la ciudadanía y generando cada
vez mayores demandas de recursos e infraestructuras.
Unos años, en fin, carentes de la mínima planificación
supramunicipal que ordenase un crecimiento que sólo sirve al verdadero
desarrollo cuando se sabe orientar y disciplinar con el consenso de
todos los agentes sociales. Un período que, como ninguno antes, ha
contribuido a la riqueza de unos pocos y al empobrecimiento de una
mayoría atrapada entre la esclavitud de la hipoteca y los
requerimientos del consumo.
Pretenderán también que no recordemos que el Consell Valencià
de Cultura en un dictamen adoptado por unanimidad allá por mayo de
2000, tras recibir opiniones y propuestas de una nutrida representación
de la sociedad, recomendó encarecidamente al Gobierno valenciano la
aplicación rigurosa de medidas de protección para l´Horta, junto a la
definición de un marco legal para la creación de un «organismo
supramunicipal e interinstitucional que elabore e implemente un plan de
protección de l´Horta de Valencia que nazca del máximo consenso social
posible y busque garantizar la viabilidad de los usos agrícolas y
derivados de este medio humano productivo».
Pero no olvidamos, como tampoco olvidamos que la ciudadanía
expresó su preocupación y sus propuestas a través de la primera y única
Iniciativa Legislativa Popular que ilustra la historia democrática
valenciana mediante una proposición de ley que abordaba la compleja
problemática de l´Horta de Valencia y contenía todo un catálogo de
medidas para su ordenación y protección a desarrollar a través de
mecanismos basados en la articulación del máximo consenso entre agentes
privados, colectivos sociales y las distintas administraciones
implicadas, así como en la cooperación de estas entre si. Una
iniciativa que, suscrita por más de 117.000 valencianas y valencianos,
fue despreciada por el Partido Popular en les Corts Valencianes en un
vergonzante ejercicio de prepotencia política del que ahora se cumplen
ya cinco años, abortando así el gran debate social recién iniciado.
Se acerca, como decíamos, una nueva cita electoral, y ahí
aparece Pons, ungido por Camps y con la sandía por estandarte, para
redescubrir el territorio y el paisaje. Anuncia un Plan de Acción
Territorial para l´Horta cuyo contenido, de momento, nadie conoce, y
sin explicar tampoco cómo va a construirse el consenso social tantas
veces reclamado, se atreve a afirmar que se aprobará en esta
legislatura. Una sospechosa premura que contrasta con casi doce años de
dejación de responsabilidades por los gobiernos populares. Demasiado
tiempo de descontrol y de impunidad para las agresiones a un patrimonio
singular que debiera ser seña de identidad valenciana y no mero
pretexto para ocurrencias y engañifas electorales.
www.terracritica.org





